Apego es a posesión, como amor es a libertad


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Las creencias sociales y culturales de generaciones pasadas y actuales, se han encargado de enseñarnos a ser esclavos de nuestra mente, otorgándonos interpretaciones incorrectas sobre la verdadera esencia del amor, convirtiéndolo así, en una falsa idea de que algo o alguien nos pertenece y que además ese algo es imposible de soltar o dejar ir, es una ilusión creada por nuestro ego, mejor conocida como apego, es mera posesión. El amor por su parte es plenitud, completitud, contribución, creación, autenticidad, pasión y todo aquello que inspire, en una palabra: libertad.

Todos tenemos un ego que nos lleva a la creación del apego, por lo tanto la mayoría de los seres humanos nos aferramos a personas o cosas, el problema viene cuando esa atadura se vuelve compulsiva, es decir, una adicción, ya que se transforma en un estilo de vida que afecta emocionalmente al humano. Todo lo que tenemos en la vida nos ha sido prestado (todo lo material y los dones que poseemos), nada de lo que nos rodea es nuestro, sino que son herramientas que nos apoyan para conocer nuestra perfección. Por lo tanto ninguna persona, animal o cosa, incluso aquellas que no son tangibles como los éxitos y fracasos, nos pertenecen, sino que sólo son oportunidades para crecer, depende de nosotros como usarlas.

 

Al nacer, la primera persona con la que tenemos relación es nuestra madre o protector primario, por este motivo es la relación  más importante en la vida de un niño, se dice que es la relación que determinará las relaciones futuras del infante, es por ello que un apego sano a la madre provee una base sólida para generar relaciones sanas. Así mismo, se dice que el contacto físico positivo (caricias, besos, apapachos, abrazos, etc.) es un elemento importantísimo para la formación normal del apego en el cerebro, es decir para crear un apego equilibrado: sano.

 

El apego es como una droga que nos vuelve insensibles, no sólo deteriora al amor, sino que acaba con él. Dado que el apego es sólo una ilusión mental, el valor que le damos a los objetos y/o a las personas, no es real, solemos darle mayor o menor peso del que es, y esto se debe a que nos sentimos incompletos, es decir, creemos que no tenemos las mismas cualidades que el otro tiene y por ello no queremos perderlo, ejerciendo sobre él o ella la necesidad de control y dominio.

 

Cuando elijes apegarte a algo o a alguien, pierdes tu libertad y te vuelves prisionero de ello. Si existe libertad, entonces surge el amor y viceversa. Cuando el control y la violencia se adueñan de nosotros, el amor muere, pero queda abierta la posibilidad de ver realmente todo el control y violencia a los que fuimos sometidos y sometimos a los demás, con el fin de obtener su amor, su aprobación y ser suficientes de acuerdo a sus expectativas. Cada vez que nos sometiamos, perdíamos nuestra esencia y nuestra capacidad verdadera de amar, nuestra libertad. Este juego vicioso, inadecuado y esclavizante se llama desamor.

 

Ahora bien, soltar o dejar ir a una persona, no es una tarea fácil, porque precisamente tiene que ver con el apego y la posesión, es un proceso, con esto no quiero decir que tengan que pasar años para que ello suceda, de hecho puede ser tan rápido como tú lo elijas. El hecho es que requieres trabajar directamente con esa voz del ego que todo el tiempo se hace presente, diciéndote que necesitas de la otra persona para poder vivir, para poder divertirte, para sentirte bien, para ser importante, para ser feliz, que nadie te va a querer más que esa persona, que no hay alguien mejor. Este tipo de conversaciones internas pueden ser altamente autodestructivas, ya que terminan con la autoestima y hacen daño emocional, desequilibrando la paz interior.

 

La falta de conciencia nos hace esclavos e insensibles. Se requiere de comprensión y empatía para entendernos mutuamente, por ello requerimos mirarnos, compadecernos y amarnos. Esto es amor y libertad. Para amar requieres ser y no pretender…

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