DOLOR = APEGO


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Cuánto has escuchado que de este mundo no te llevas nada y que nada te pertenece, quizá también has escuchado que eres nada. ¿Qué experimentas al escuchar esto? A caso es frustración, miedo, enojo, impotencia, coraje. ¿Cómo se siente sentirte vacío, que nada de lo que has hecho te pertenece, ni a ti ni a nadie, ni tu cuerpo, ni tu familia, ni tus éxitos, ni tus fracasos, ni nada? ¿Es doloroso verdad? Pero al final es sólo APEGO.

 

Justo eso es la vida, no podemos separar la luz de la oscuridad, el cielo y la tierra, el gozo del sufrimiento, el dolor de los placeres, el bien y el mal, todo es parte de todo y de nada, como el ying yang, el uno vive dentro del otro. No podemos alejarnos del dolor dado que existe el placer, no podemos impedir el sufrimiento dado que existe el gozo, sin embargo, podemos mantener un equilibrio entre ambos con la finalidad de seguir creciendo, conociéndonos y aceptándonos a nosotros mismos.

 

Hoy he decidido hablar del dolor que evoca el crecimiento espiritual, ese que es causado por la separación de aquello que se ama, por la unión con aquello que se odia o por no obtener lo que se desea. Buda lo describe como: “la sed, que lleva a renacer una y otra vez,  junto con el apego al placer, encontrando placer aquí y allá, es la sed del deseo, la sed de la existencia, la sed  de la inexistencia.” Sin tanta rimbombancia, para mí es la continua evolución del alma.

La mayoría de los dolores por los que pasamos en la vida los escogemos nosotros mismos, es decir, la ilusión, el anhelo o la concupiscencia que creamos a cerca de una relación que tenemos o el deseo de poseer algo o a alguien, son meros estados mentales inconscientes e ignorantes de la verdadera condición humana, que es nada y todo, muerte y vida, destrucción y creación, femenino y masculino, día y noche, placer y dolor. Si fuéramos realmente conscientes de que no hay tiempo porque en realidad no sabemos lo que mañana hay para nosotros, quizá el desapego sería una práctica sencilla y nos permitiría eliminar el deseo y por ende el dolor que elegimos cada vez que alguien se marcha de nuestra vida o cada vez que no somos acreedores a un reconocimiento o a un premio o un objeto.

 

Si nunca quieres sufrir, adivina qué, entonces no gozaras. Porque si quieres gozar, debes saber que corres el riesgo de sufrir en algún momento. “¡Qué extraña cosa, amigos, parece ser eso que los hombres llaman placer! ¡Cuán admirablemente está relacionado por naturaleza con lo que parece ser su contrario, el dolor! No quieren presentarse los dos juntos en el hombre, pero si alguien posee uno de ellos, casi siempre está obligado a poseer también el otro, como si estuvieran atados por una sola cabeza, a pesar de ser dos”, este sabio párrafo escrito por Platón, me hizo un hueco en el estomago, me la he pasado en el dicho popular: “Más vale viejo por conocido, que  nuevo por conocer”, nefasto, me rehúso, elijo ¡DESCUBRIR!

 

Es imposible deshacernos del sufrimiento que conlleva el dolor, pero vuelvo a recurrir a una famosa frase celebre dicha por el mismísimo Buda y la cual he leído en demasía en las redes sociales últimamente: “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, y sí. Tuve que experimentar esto para hoy poder hablarte de ello, hay eventos dolorosísimos, pero es nuestra elección seguir en ellos o continuar aprendiendo de ellos para no volverlos a evocar en el futuro, tales como terminar una increíble relación amorosa, que ya no es tan increíble como en su momento más pleno. Quizá tengamos un miedo terrible a no volverlo a crear con alguien más y sabes qué, así va a ser, no lo vas a crear con alguien más de la misma forma, de ti depende que sea a la enésima potencia mejor que la anterior… ¡Yupi, adiós al APEGO!

 

Sin duda te va a doler y mucho, pero entre más pronto aceptes el evento y te adueñes de él, pronto vendrá la redención, a esta actividad el budismo la llama DESAPEGO, los estoicos la llaman AMOR FATI, que no es más que la valiente aceptación de los hechos, (favor de no confundir con una aceptación pasiva de la resignación ante los hechos). No debes lamentar en colmo lo que es inevitable. Lo que ya sucedió no puede cambiarse, así que no pierdas el tiempo pensando en lo diferente que pudo haber sido. Habrá que entregarnos a los eventos ásperos e inevitables, tomarlos tal cual son y poner toda nuestra energía para ahorrarnos eventos desagradables y evitables, es decir, NO DESPERDICIES ENERGÍA EN AQUELLO QUE NO PUEDE CAMBIARSE.

 

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