El orden en tu vida empieza por fuera (Parte 1) – Por Leily Díazmacip Salazar


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Cajas llenas de papeles, ropa mal doblada y que se sale de los cajones, zapatos viejos amontonados, polvo por todos lados,  libros encimados, una colección de revistas sin leer, folletos y publicidad de aspiradoras – alguna vez quisiste comprar una y no lo hiciste -, monedas sobre la única mesa y un saco viejo colgado de la silla, un montón de dibujos de tu hijo o sobrino, ahhh! una araña en la esquina de la habitación.

 

¿Te es familiar esta imagen? Quizás la ves a diario en alguna habitación de tu casa o es posible que el cajón de tu escritorio pueda parecerse un poco. El ir y venir de la vida seguramente ha provocado que acumules papeles que en realidad no necesitas, recuerdos de momentos o personas significativas en tu vida, o cualquier cantidad de cosas que “seguramente después podrías necesitar”,  si lo piensas bien, un poco más de la mitad de esas cosas que has acumulado es basura y entre ella estás viviendo.  

 

La basura es todo material considerado como residuo o desecho y que se necesita eliminar,  no necesariamente debe producir malos olores  y en muchas ocasiones puede ser reutilizada o reciclada.

 

Uno de los casos más severos de acumulación extrema o hoarding (en inglés) fue dado a conocer en marzo de 1947, cuando la policía de Nueva York fue llamada a investigar el hallazgo de un cadáver en un edificio de tres plantas en Harlem. El lugar pertenecía a dos hermanos ancianos, Langley y Homer Collyer, y cuando los agentes entraron en el inmueble se quedaron espantados con lo que descubrieron. Montañas de basura que llegaban hasta el techo incluyendo 14 pianos, un auto Ford modelo T y los restos de un feto de dos cabezas. Más eso no fue lo peor. Dentro de un sistema de túneles para andar entre los desechos, yacían los cuerpos sin vida de los ancianos, uno aplastado por la basura y el otro muerto de inanición. (Discovery, 2012)

 

Esto no tiene porqué pasarnos pues se trata de un trastorno mental que origina un apego excesivo a las cosas,  lo que si puede sucedernos es que nos llenemos al guardar objetos de recuerdo, de alto valor sentimental o producto de cambios en nuestras vidas, guardar y guardar provocaría que el espacio que tenemos disponible para nuestro presente sea cada vez más pequeño. Por ejemplo, Andrea me contaba que su hija se casó y se mudó, antes de la boda su hija y su novio habían comenzado a comprar muebles, sin embargo, el departamento que rentaron era muy pequeño y la mayoría de las cosas se quedaron en casa de Andrea, han pasado ya 4 años de la boda y  Andrea sigue guardando los muebles de su hija, sin espacio para realizar la limpieza de forma adecuada, decorar a su gusto o tener invitados.

 

A veces basta con disponer de un día para vaciar cajones y clasificar todo lo que encontremos en varios tantos: ¿qué conservaré?, ¿qué es basura?, ¿qué regalaré?, ¿qué se puede reciclar?, incluso ¿qué puedo vender?, ¿qué no es mío?

 

Seguramente encontrarás objetos a los que te costará trabajo decirles adiós por su alto valor emocional, ahí será momento de preguntarse qué significa verdaderamente para ti y que podría pasar si ese objeto saliera de tu vida, si te recuerda a alguien muy cercano que falleció será momento de reflexionar en dónde se encuentra el verdadero lugar de los recuerdos. Encontrarás otros objetos que en su momento significaron algo pero que ahora carecen de valor, quizás una tarjeta de tu mejor amiga de la primaria a la cual no recordabas hasta que viste la tarjeta…

 

Por Leily Díazmacip Salazar

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