Estupro (Parte 2)


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Desde ese entonces, Don Selerino se había empleado como chofer de ambos, del señor Guillermo Arias y de su hijo Gustavo. Meses más tarde, trajo consigo a su esposa para colocarla en la casa de la señora Maricela como la encargada de la limpieza. Ambos ya eran mayores, tenían ocho hijos ya casados y habían concebido trabajosamente a su hijo Estupro, a quien llevaron a vivir a la mansión en donde trabajaban. Su nombre había sido elegido por haberles parecido muy peculiar un día que su patrón lo pronunciaba a la hora del desayuno, obviamente desconociendo significado. El señor Gustavo rio a carcajadas el día que se enteró que el nuevo hijo de ambos llevaría ese nombre, y trató de persuadirlos de que no lo hicieran, sin conseguirlo. Finalmente, no le quedó más que felicitarlos y divulgar a todos sus amigos abogados que tenía un mocito llamado Estupro.

 

Años más tarde, concibieron a una niña que solamente vivió unos meses, cuyo nombre era Masiosare, en honor a la estrofa del Himno Nacional: “Mas si osare un extraño enemigo…”

 

Estupro creció en la mansión del señor Gustavo junto con la servidumbre y aprendió a ser un gandaya de primera categoría. Desde pequeño, se negó a obedecer las reglas del buen comportamiento que sus padres le habían enseñado para el momento de estar frente a sus patrones. En vez de seguirlas, corría en todas direcciones gritando majaderías y dando marometas para enfadarlos. Sus padres constantemente se disculpaban y le ponían severas tundas al niño, quien terminaba llorando unos minutos para después ir a meterse a la mansión a espiar a los señores.

 

En varias ocasiones, el mismo patrón lo halló encerrado en algún ropero aguantando la respiración e, incluso, llegó a ser descubierto usando la ropa de su ama o simplemente espiándolos. Al señor Gustavo le hacía mucha gracia este niño tan rebelde y desobediente ya que, en cierto modo, se identificaba con él y con su infancia reprimida por ser el hijo mayor de su familia y del gran empresario Guillermo Arias.

 

El señor Gustavo era el ídolo del niño y su ejemplo a seguir, lo admiraba boquiabierto cuando salía todos los días impecablemente a trabajar, vistiendo sus trajes de corte inglés y su portafolios de piel. Estupro lo seguía corriendo hasta la puerta esperando ansioso a que lo despidiera de lejos con la mano.

 

Sin embargo, a la señora Maricela no le gustaban las nadadas del pequeño. Constantemente amenazaba a sus padres con echarlos de la casa si no corregían los impulsos de su hijo, pero Estupro tenía esa gracia y ese ángel que pocas personas poseen y que es imposible ignorar. Incluso, al único hijo del matrimonio de Gustavo y Maricela Arias, llamado Gustavo Adolfo, seis años menor que él, había llegado a simpatizarle tanto que lo invitaba a jugar con sus amigos y se lo llevaba de día de campo.

 

El día que Gustavo Adolfo se fue a estudiar a un internado en Canadá, Estupro vio perdido su dominio -que creía casi absoluto- sobre la mansión, y tuvo que conformarse con volverse en el amante de Dulce María, la joven encargada de la limpieza.

 

- Continuará -

 

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