Me llamo Sandy


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Me llamo Sandy y hoy quiero que sepas que si yo estoy logrando salir adelante, tú también lo puedes lograr.

 

Mi historia comienza hace 35 años cuando nací bajo un lecho familiar disfuncional; en donde mi madre trabajaba, tejía y cosía ajeno para sacar adelante a sus 8 hijos siendo yo la mas pequeña. Mi padre, un hombre irresponsable, alcohólico y golpeador nunca llevo dinero a casa; su única tarea era la de golpear a mis hermanos y la de imponer dentro de sus creencias machistas el como debíamos vivir nuestras vidas cuando la de él era un completo desastre. Mi madre desesperada cayo en las garras del alcohol y comenzó a olvidarnos aunque claro esta, nunca nos dejaba sin comer a mi y a mis hermanos. Tanto avanzó el alcoholismo de mi madre, que un dia se le olvidó que yo estaba esperando a que me recogiera a la salida del kinder, y eso sucedió hasta las diez de la noche en que la directora del colegio después de varias llamadas pudo comunicarse con mi madre.

 

  • Para mí ya no había vida después de todo lo que me había sucedido y ¿Para qué? Ya no quería vivir

 

Llegué a la primaria y las cosas cambiaron un poco porque a mi padre le comenzó a ir muy bien, tenía poder refiriéndome al dinero y obvio, este iba acompañado de mujeres. Él iba por mí a casa de mi mama, iba siempre acompañado de diferentes mujeres, una tras otra y siempre era igual, yo veía como él mostraba sus afectos especiales por ellas en repetidas ocasiones delante de mí. Cuando por fin llegábamos a casa,  mi mamá siempre me preguntaba el cómo me había ido y si me sentía feliz por salir con mi papá, a lo que yo respondía que no me gustaba ver como él besaba a otras mujeres, sin darme cuenta del daño que yo hacía a mi madre con mis respuestas inocentes. La reacción inmediata de mi madre era llorar inconsolablemente y tomar su botella de vino; y cuando llegaba a encontrarse con mi padre, eran reclamos interminables que lo único que provocaban eran golpizas. Recuerdo que había un closet muy grande en su recámara donde me escondía cuando veía que mi padre empezaba a golpear a mi mamá, después de tanta tortura terminaban haciendo el amor y yo siempre siendo testigo de todo esto. La excusa de mi mamá ante estas brutales golpizas era la de aguantar todo lo que mi papá nos decía y hacía, porque de no ser así nos dejaría de dar dinero y jamás nos volvería a llevar de vacaciones, que a ella como amante de mi papá le iba mejor que como esposa, y solo así recibía su única recompensa: más dinero.

 

Mi padre cuando llegaba por nosotros el fin de semana, nos llevaba a tiendas caras de ropa y nos decía que teníamos 2 horas para comprar todo lo que quisiéramos y eso a mí me hacia sentir vacía, muy vacía y sola. Después nos regresaba a casa de mi mamá y entre semana cuando llegaba a comer a la casa, sólo eran discusiones con mi mama y nunca nadie terminaba de comer, todos mis hermanos le tenían mucho miedo a mi papa, ya no era respeto, era un miedo infernal.

 

En los festivales de la escuela siempre estaba sola, cuando pasé a sexto de primaria, yo no era una buena estudiante y mamá siempre me alentaba a serlo y me insistía en que si yo lograba ser una excelente estudiante,  ella se iba a sentir muy orgullosa de mí, entonces decidí serlo. Me puse a estudiar con muchas ganas y logre obtener el 3er. lugar en mi grupo. Cuando terminó el año yo me sentía feliz porque mi mamá iba a estar orgullosa de mí. Llegó aquel tan ansiado día de la ceremonia y todas mis amigas recibían aplausos, muchos aplausos y hasta regalos recibieron, pero cuando yo recogí mi diploma nadie me aplaudió, no hubo ni siquiera alguien que me apoyara en ese momento para recibir tan merecido diploma. Cuando llegue a casa corrí a contarle a mi mamá lo que había ocurrido y ella sólo me respondió que se sentía muy cansada, que después platicaríamos.

 

  • Quería a mi mamá en ese momento, que me consolara y me dijera que todo estaba bien; pero cuando llegué y le conté lo sucedido me tachó de mentirosa, que debía meterme a bañar y después me acostara

 

Y así paso un año, un año en donde yo le pedía que me escuchara a lo que ella nunca aceptó. Llegó el 10 de Mayo y yo salí muy contenta a comprarle su regalo. Había logrado juntar con mucho esfuerzo 50 pesos, le quería regalar lo mejor, pero cuando iba caminando fui interceptada por un señor que me subió a su carro y andando el carro empezó a tocarme y a pasarme su lengua por todo mi cuerpo semidesnudo, utilizaba sus dedos para tocarme bajo las pantaletas, Me sometía a realizarle sexo oral y yo no entendía lo que pasaba, solo tenía mucho miedo, no podía gritar porque sujetó mi boca con un pañuelo y cuando no tuve fuerzas me violó. Fue un dolor inmenso, muy grande. Cuando vi que entre mis piernas tenía mucha sangre, me desató la boca y me aventó del carro. En ese momento yo corrí y corrí hacia mi casa, quería a mi mamá en ese momento, quería abrazarla, que me consolara y me dijera que todo estaba bien, que sólo había sido una pesadilla; pero cuando llegué y le conté lo sucedido me tachó de mentirosa, que debía meterme a bañar y después me acostara, que nadie me había tocado. Yo lloré y le supliqué que me creyera, que me revisara porque me dolía mucho, pero sólo se dio la vuelta y se fue a pedirle a una de mis hermanas que se hiciera cargo de mi, no me dio un abrazo, nunca hubo una muestra de afecto o algún tipo de apoyo moral y de ahí venia mi miedo a los hombres.

 

Crecí más, mis 15 años estaban próximos: La fiesta, mi vestido, mi vals, los chambelanes, todo eso era lo que yo más anhelaba en esas fechas, quería poder usar mi vestido de 15 años como el sueño más grande que tenía en la vida. Y en esa época de mis 15 fue cuando mi padre me pidió que mantuviera relaciones sexuales con uno de sus compadres porque si no lo hacía, el no iba a poder cerrar un negocio y a lo cual tuve que acceder, total ya una vez me lo hicieron y me dolió mucho, pero también nadie me dijo que era malo y menos malo si mi padre era quien me lo estaba pidiendo porque realmente lo necesitaba. Tiempo después llego un hombre a mi vida que me ofrecía amor, atención y cariño, todo lo que yo antes había reclamado y que nadie hasta ese momento me había dado; sólo que él tenia un defecto, era casado y trece años mayor que yo. Era más que obvio, el quería carne fresca y joven, pero cuando mi mamá se dio cuenta de ello y me llevó castigada a la casa sin fiesta de 15 años y muy lejos de él.

 

Puso tierra de por medio y me llevó a Guadalajara a la casa de un hermano que estaba recién casado. Mi cuñada me trataba como esclava, no me daba dinero y mi comida era de sólo una vez al día porque según ella, mi mamá no había dejado dinero para mis gastos. Mi cuñada me maltrataba físicamente, inclusive llegó a golpearme en repetidas ocasiones; pero fue ahí que conocí a una amiga la cual me ofreció su casa. Llamé a mi mama y le dije que me quería ir con mi amiga porque en casa de mi hermano me sentía y me trataban muy mal; ella me dijo que le era imposible ir a Guadalajara, que me tenía que aguantar y que todo era mas mentiras inventadas por mi, así que no aguanté mas y fui a cada de mi amiga.

 

Después de una semana de estar viviendo en casa de mi amiga, sucedió la catástrofe: La explosión en Guadalajara que fue causada por las tuberías del gas y por la cual nos vimos afectadas quedándonos sin nada de ropa, prácticamente en la calle. Recuerdo que corríamos por todos lados, había muertos por todos lados, sangre, dolor, incertidumbre y asombro ante lo que estábamos viviendo. Entre correr y correr se fue el dia, y en la noche llego mi hermano a buscarme a casa de mi amiga; me encontró sentada entre personas ya sin vida y solo me dijo “Ah, estas viva, yo le aviso a mi mamá”. Se dio la vuelta y se marchó. Mi mamá llegó tres días después, me llevó ropa y me dijo que no podía estar apoyándome cada vez que a mi se me diera la gana, que cuál era mi afán por tratar de fastidiarle la vida, que ya la tenia amargada; se refería a mi como un aborto de la naturaleza.

 

  • Conocí al que creí que era el amor de mi vida, convivimos un tiempo y me casé con el. Pero yo no sabía en ese momento lo que me esperaba

 

Dos años después regrese a México. Me invitaron a una fiesta y ahí conocí al que creí que era el amor de mi vida, convivimos un tiempo y me casé con el. Pero yo no sabía en ese momento lo que me esperaba, una vida llena de golpes, insultos y lo peor es que yo seguía creyendo que esa era una vida normal. Al poco tiempo nacieron mis dos bellos hijos varones, a los cuales abandoné cuando ellos sólo tenían 4 y 10 años; lo hice porque no aguantaba más vivir así con tantos golpes que recibía por parte del que era mi marido y padre de mis hijos. Terminé hospitalizada tres veces y mi hijo mayor me decía que mejor me fuera de la casa, que me escapara, pero no fue necesario ya que un dia él me sacó todas mis cosas después de una gran paliza que me dió y no me dejó entrar mas, se quedó con mis hijos.

 

Después de 6 meses de no vivir con el que era mi esposo y lejos de mis hijos, un día saliendo de mi casa, iba caminando cuando fui interceptada por un hombre que me subió a una camioneta en donde iban abordo otros cuatro sujetos más. Empezaron a tocarme, a someterme con toda clase de abusos psicológicos, a golpearme muy fuerte; entonces me llevaron a un cuarto en donde uno a uno fueron violándome, obligándome a hacerles a cada uno sexo oral mientras otros dos me penetraban al mismo tiempo, siendo abusada de tan brutal forma. Escuché cuando ellos dijeron que esto se iba a poner bueno; comenzaron a utilizar diferentes herramientas introduciéndolas dentro de mi: un puro encendido, una botella de vidrio rota, un bate. Y así sucesivamente mientras me agredían no paraban de golpearme, de patearme e insultarme con palabras muy fuertes, pero gracias a Dios me soltaron. Poco tiempo después mi hermana me encontró muy cerca de mi trabajo, de ahí me querían trasladar a un hospital para revisarme y yo no accedí. Estuve quince días sin dormir, con temor, miedo, angustia, tristeza; sólo me la pasaba en la regadera y no quería saber nada de nadie, nada en absoluto.

 

  • Para mí ya no había vida después de todo lo que me había sucedido y ¿Para qué? Ya no quería vivir

 

Hasta que me llevaron a un hospital psiquiátrico en donde fui internada y medicada con medicamentos muy fuertes para poder dormir, mi estancia en el hospital casi no la recuerdo por los mismos efectos de los medicamentos tan fuertes y por los cuales me la pasaba drogada todos los días, al igual que cuando salí de la clínica. Sin darme cuenta y sin pensar ni sentir, me reincorporé a mi trabajo y poco tiempo después (ocho meses para ser exactos) fui a aquella esquina de donde fui levantada y me encontré a uno de los sujetos que participaron en aquella violación… ¿Cómo olvidarlo? Su voz, sus brazos, su aspecto aberrante. En ese momento lo único que supe hacer fue correr, correr a esconderme. Me invadió el terror, el mismo miedo que sentí aquel dia, el miedo me paralizó de nuevo y fue tan grande que me tome 120 pastillas para dormir. Yo sólo me quería morir, para mí ya no había vida después de todo lo que me había sucedido y ¿Para qué? Ya no quería vivir.

 

Pero gracias a Dios nuevamente, cuando estaba al borde de la muerte, llego mi hermana. Me encontró dia y medio después de haber tomado las pastillas y obvio, yo ya olía mal y estaba muy morada de mi cuerpo. Mi hermana con toda fe y esperanza me llevó corriendo al hospital y me salvaron de morir. Cuando desperté fue mas triste aun, porque empezaba a sentir odio por mi hermana, mi propia hermana que me había llevado a tiempo a un hospital para librarme de la muerte; yo le reclamaba porqué me había salvado la vida, ¿Porqué lo había hecho? Ya no me interesaba vivir. Cuando volví a despertarme tenía a mi padre a mi lado llorando y pidiéndome perdón; me llené mas de odio, de rabia, de coraje directamente con Dios por mantenerme viva después de todo lo que me había sucedido. Pasaron mis hermanas y mi madre quien solo lloraba y yo no entendía: ¿Porqué lo hacia?

 

Después de diez días de estar en recuperación, me vi internada nuevamente en el psiquiátrico. Pero cuando llegué fue diferente, me sentía mas animada, al grado que me di cuenta que me gustaba ayudar a las personas que estaban internadas ahí mismo. Me ponía a jugar con  los más enfermos, escuchaba a las mujeres que al igual q yo eran maltratadas, ultrajadas y pisoteadas de su dignidad. Comencé a darme cuenta de que yo podía ser importante para alguien más y que podía también lograr hacer algo por los demás. Cuando salí de ahí nuevamente me di cuenta de que mi vida seguía siendo triste y apagada,  yo vivía enterrada; pero Dios me tenia algo preparado, algo inesperado que llegó a transformar mi vida entera, en donde pude ver y darme cuenta la mujer poderosa, amorosa y alegre que existe dentro de mi.

 

Hoy tengo muchas metas y muchos planes a futuro, entre ellos están mis hijos, mi felicidad en pareja, mi complicidad como hermana y mi respeto total hacia mis padres. Hoy por fin vivo la vida y soy feliz por saber que sí puedo, que sí se puede volver a confiar en las personas y sobre todo en los hombres,  que puedo estar con mis hijos y tener una relación sin culpas con ellos, que sólo me interesa amarlos, amar sin el miedo de salir lastimada. Hoy me siento liberada y capaz de crear una relación sana con una pareja, que merece ser amada y respetada.

 

Hoy sé que para ser feliz, sólo tengo que sacar ese poder interior que me hace ser día a día la mujer, la madre, la hermana, la hija y la amiga merecedora del bien.

Gracias Dios, por amarme tanto.

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