Viento (Parte 2)


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Un viento helado se coló en aquella enorme y ostentosa recámara golpeando aterciopeladamente la desnuda espalda de Susana, quien agitó entre las blancas sábanas de su cama y se cubrió de cuerpo completo. El viento entonaba su acompasada melodía, no se escuchaba algo más en el recinto. A ratos, Susana hablaba en sueños emitiendo sonidos incomprensibles e inquietos para volver a caer inconsciente en un estado de letargo muy ligero, poco profundo.

 

La sombra daba diminutos pasos hacia el lecho en el que yacía la mujer que alguna vez fuera su obsesión y la pérdida absoluta de su cordura; sigiloso, quieto. Era una silueta alta y delgada, ágil como pantera, que bien hubiera podido dar un gran salto a la cama para asustar a Susana y dejarla inmóvil de pánico, pero que prefería saborear cada instante de su osadía. Años enteros le habían tomado volver a  encontrarla y dar con su paradero actual; un desgaste físico y emocional que le quitaba el aliento, “¿Cómo era posible que aquella desgraciada se hubiera olvidado de él así nada más y se hubiera unido en matrimonio con otro?”, lo había humillado a él, que le había dado todo; a él, que se quedó esperándola completamente seguro de que volvería porque no podría vivir sin su presencia. Miles de veces la imaginó de regreso pidiéndole perdón de rodillas; cientos de ocasiones caviló en las palabras exactas para chantajearla y subyugarla a su antojo. ¡Ah!, pero aquella mal nacida jamás volvió, y ahora era el momento de que pagara con creces su burla.

 

Mientras todos estos pensamientos recorrían su perversa imaginación, advirtió que su respiración se aceleraba por la furia contendida durante tantos años y escuchaba los golpazos de los latidos de su corazón retumbando en su pecho. Debía controlarse si no quería ser descubierto, así que respiró hondamente estando a dos metros de distancia de su presa y fue en ese preciso momento que Susana se puso de pie, tambaleante, para ir al tocador sin encender la luz. El se mantuvo paralizado del gozo al descubrir que, debajo de aquella corta bata de seda, se delineaba el bien formado cuerpo que ella aún conservaba, ese que él había deseado y devorado innumerables veces.

 

No perdió el tiempo y apresuró sus pasos hasta llegar a colocarse en los pies de la cama y ahí la esperó de pie en las sombras. Parecía que el viento era partícipe en la escena y golpeaba la ventana aún con más fervor, como queriendo avisar a la víctima que alguien estaba al acecho. Susana regresó, se sentó en la orilla del colchón y encendió la luz del buró para tomar unas pastillas del cajón. Fue entonces que un escalofrío la recorrió hasta la nuca y sintió su terrible presencia, percibió su aroma; de reojo observó la sombra pero no quería voltear la cabeza y se mantuvo aterrorizada viendo fijamente hacia la pared de enfrente. La garganta se le cerró de inmediato y lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Entonces, el felino saltó hacia su presa para inmovilizarla con sus garras.

 

- Continuará -

 

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